Aceite de palma y ácido palmítico en la alimentación infantil

Os transcribimos, para vuestra tranquilidad, directamente este comunicado sobre el aceite de palma en las leches infantiles que comercializamos


COMUNICADO CONJUNTO DEL COMITÉ DE NUTRICIÓN DE LA AEP Y LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE GASTROENTEROLOGÍA, HEPATOLOGÍA Y NUTRICIÓN PEDIÁTRICA

 

 

Madrid, 17 de abril de 2017

 

 

Aceite de palma y ácido palmítico en la alimentación infantil

¿Qué es el aceite de palma?

El  aceite de palma es un  aceite   vegetal  rico  en  grasas   saturadas,

fundamentalmente ácido palmítico, que se emplea frecuentemente en alimentación.

Es un aceite que no procede de cultivos transgénicos y que, en su forma refinada, no

aporta sabor, es muy estable y no se enrancia ni oxida fácilmente. Mantiene bien sus

propiedades organolépticas cuando se eleva la temperatura, por lo que se utiliza en

alimentos que se cocinan o preparan a altas temperaturas. Estos hechos, junto con su

rendimiento (produce diez veces más aceite por unidad de área que otras cosechas de

semillas oleosas) y su precio, han hecho que sea el aceite vegetal más usado en el

mundo (constituye aproximadamente el 30% de la producción mundial de grasas y

aceites).

¿Cuál es la recomendación sobre el consumo de grasas saturadas?

Existe una recomendación expresa de limitar el consumo de grasas saturadas

por sus potenciales efectos perjudiciales para la salud, en especial en relación con la

enfermedad cardiovascular y la obesidad. Sin embargo, fuera de una recomendación

general de limitar el consumo de grasas saturadas –sean de origen vegetal, como es el

caso que nos ocupa, o de origen animal–, no existen datos específicos concluyentes

sobre el consumo de aceite de palma o del ácido palmítico y variables de salud, sobre

todo cuando se estudia en el contexto de una dieta equilibrada.

Las  recomendaciones  de  consumo  de  grasas  para  la  población  –referida

siempre a mayores de 2 años– es que el consumo total sea inferior al 30% del aporte

calórico total, de las cuales las grasas saturadas deben constituir menos del 10% (por

ejemplo, para una dieta de 2000 kcal, esta cantidad se traduce en un máximo de 20-22

gramos de grasas saturadas al día).

Entonces, ¿por qué se ha levantado la reciente preocupación por el aceite de palma?

La alerta reciente de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)

hacía una referencia específica no tanto a las características nutricionales del aceite de

palma, sino a los contaminantes generados en el proceso de refinamiento (3-MPD,

glicidol y sus ésteres), revisando los límites máximos que se generan en el mismo,

como puede verse con detalle  en la información facilitada por la Agencia Española de

Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) del Ministerio de Sanidad,

Servicios Sociales e Igualdad.

 

¿Podemos identificar fácilmente la presencia de aceite de palma en el etiquetado?

Desde  la  modificación  europea  sobre  el  etiquetado  (Reglamento  UE  nº

1169/2011,  de  aplicación  desde  diciembre  de  2014),  en  la  descripción  de  los

componentes  debe  constar  su  procedencia.  Es  decir,  que  cuando  figure  “aceites

vegetales” o “grasas vegetales”, debe indicar el origen específico del vegetal. No es

que previamente a esa fecha no se utilizaran en la producción de alimentos, sino que

no era obligatoria su declaración específica.

 

¿Qué es la reformulación o mejora de los alimentos?

Como se señala en el comunicado de la AECOSAN del 7 de abril de 2017, se está

trabajando en la reformulación o mejora de la composición de los alimentos, dentro

del Plan Nacional y en consonancia con las directrices europeas, y que contempla,

entre otras medidas, el empleo de aceites con un perfil nutricional más saludable. Sin

embargo, es necesario demostrar que las alternativas que se propongan sean seguras

para  la  salud,  y  factibles  desde  el  punto  de  vista  de  garantizar  las  características

organolépticas de los alimentos, hasta la fecha no conseguido. Antes de modificar

políticas de salud pública es necesario disponer de datos robustos sobre los efectos

para la salud y las consecuencias socioeconómicas de esos cambios.

EL CASO DE LA ALIMENTACIÓN DE LACTANTES Y NIÑOS PEQUEÑOS

Papel de las grasas en la alimentación del lactante y niño pequeño

Las necesidades de energía del lactante y del niño pequeño son elevadas. La

grasa  constituye  aproximadamente  el  50%  del  contenido  energético  de  la  leche

materna y de las fórmulas infantiles. Esta grasa está en forma de triglicéridos, en los

cuales los ácidos grasos saturados y no saturados se unen a una molécula de glicerol.

No está indicada la restricción del consumo de grasas en estas edades, y el empleo de

dietas pobres en grasas se asocia efectos negativos sobre el crecimiento y el desarrollo

a largo plazo.

El ácido palmítico es el ácido graso más abundante en el organismo y tiene

distintas funciones además de la producción de energía, entre otras la capacidad de

unirse  a  determinadas  proteínas  necesarias  para  algunas  funciones  del  sistema

nervioso,  para  la  formación  del  surfactante  pulmonar  o  para  garantizar  la  unión

celular.

 

Grasas en la leche materna

La leche materna es el alimento ideal en el lactante y el modelo sobre el que se

elaboran y desarrollan los sustitutos de la leche materna. De todos los ácidos grasos

saturados de la leche materna, el ácido palmítico es el más abundante; constituye

entre el 20 y el 25% de los ácidos grasos de la leche, de los que una parte importante

está colocada en la posición 2 del triglicérido (conocida también como beta). En esa

posición se favorece la absorción del ácido palmítico.

 

Grasas en las fórmulas infantiles

Las fórmulas infantiles, sustitutos de la leche materna cuando no se dispone de

ésta, tienen un contenido en ácido palmítico en cantidades similares a las de la leche

materna, aunque en su mayor parte en la posición 1 y 3 del triglicérido. En los últimos

años,  la  mayoría  de  las  fórmulas  infantiles  han  aumentado  el  contenido  en  β-

palmitato,  para  acercarse  a  los  valores  presentes  en  la  leche  humana.  Con  esta

disposición se favorece la absorción de ácidos grasos, pero también de calcio y se

favorece  el  desarrollo  de  una  microflora  rica  en  bifidobacterias.  También  se  ha

demostrado en un modelo animal el efecto anti-inflamatorio del β-palmitato sobre la

mucosa intestinal.

 

¿Qué dice la legislación española y europea sobre el contenido graso de las fórmulas infantiles?

Además de señalar los límites en el contenido total de grasas sólo señala lo

siguiente:

“Queda prohibida la utilización de las siguientes sustancias: aceite de sésamo y aceite

de algodón. El contenido en ácidos grasos trans no será superior al 3% del contenido

total  de  materia  grasa.  El  contenido  en  ácido  erúcico  no  será  superior  al  1%  del

contenido total en materia grasa”. No hay ninguna referencia expresa al contenido en

ácido palmítico.

Todas  las  fórmulas  infantiles  disponibles  en  el  mercado  español  cumplen

rigurosamente la legislación. Lo mismo ocurre con los demás productos destinados a

lactantes y niños pequeños (cereales de alimentación infantil y   productos

homogeneizados, conocidos como tarritos).

 

ALIMENTACIÓN DE ESCOLARES Y ADOLESCENTES

Para este grupo de edad sirvan las consideraciones hechas para la población

general y que pueden encontrase detalladas en, entre otras, la actualización  reciente

de las Guías alimentarias para la población española. Recogen los siguientes aspectos:

subrayan como consideraciones básicas practicar actividad física, equilibrio emocional,

balance energético para mantener  el  peso  corporal adecuado,  procedimientos

culinarios saludables e ingesta adecuada de agua. Las recomendaciones promueven

una  alimentación  equilibrada,  variada  y  moderada  que  incluye  cereales  de  grano

entero,  frutas,  verduras,  legumbres,  cantidades  variables  de  lácteos  y  alterna  el

consumo de pescados, huevos y carnes magras, junto con el uso preferente de aceite

de  oliva  virgen  extra  como  grasa  culinaria.  Refuerzan  el  interés  por  una  dieta

saludable,  solidaria,  sostenible,  con  productos  de  temporada,  de  cercanía,  eje  de

convivialidad, dedicando el tiempo suficiente y animan a valorar la información del

etiquetado nutricional.

 

En resumen:

  1. El consumo de grasas concierne de forma diferente a los niños menores de 2

años y a los mayores de esta edad y adultos.

  1. En menores de 2 años, el consumo de ácido palmítico es importante, pues su

contenido en el organismo es elevado y tiene funciones específicas. Por ese

motivo está presente en las fórmulas infantiles y en otros alimentos infantiles.

Es un ingrediente imprescindible. El aceite de palma es una fuente importante

de ácido palmítico.

  1. En niños mayores y en adultos se recomienda controlar la cantidad y calidad de

la grasa consumida. El aceite de palma está contenido en muchos productos

manufacturados de consumo habitual por sus características organolépticas. Se

recomendación de consumo se encuadra dentro del total de grasas saturadas

(sean de origen animal o vegetal), teniendo en cuenta sus potenciales efectos

negativos sobre la salud cardiovascular. La alerta de la EFSA está relacionada

con los contaminantes que pueden producirse durante su manipulación y no

específicamente sobre sus aspectos nutricionales.

NOTA:  Esta  nota  hace  referencia  exclusivamente  a  los  aspectos  nutricionales  y

relacionados con la salud infantil. Tanto la AEP como la SEGHNP aconsejan el consumo

de productos respetuosos con el medio ambiente y recomiendan las prácticas que

favorezcan la sostenibilidad.

 

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Referencias

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  1. EFSA. Risk  for  human  health related  to  the  presence of  3-  and  2-

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